Hace más de 20 años, junto a mi hermano Gastón, decidimos continuar el emprendimiento de nuestro padre. No teníamos mucha experiencia, pero sí teníamos algo que nunca nos faltó: ganas de aprender, de trabajar duro y de hacer las cosas bien.
Empezamos desde cero, metiendo mano en los primeros compresores con herramientas prestadas y mucho ensayo y error. Con el tiempo, ese taller se convirtió en una empresa que presta servicio a frigoríficos, heladerías, supermercados, lácteas y muchas otras industrias que no pueden darse el lujo de frenar.
Hoy Reparamos, instalamos, compramos y vendemos motocompresores de frío industrial y comercial, trabajando con todas las marcas y potencias y seguimos creciendo... Ya llegamos a empresas de casi todo el país, pero el espíritu sigue siendo el mismo: resolver cada problema como si fuera nuestro. Damos soluciones que mantienen negocios en marcha y seguimos con el mismo compromiso que el primer día. Y lo hacemos con una meta clara: que tu empresa nunca se quede sin frío.
Este negocio nació de la familia, creció con esfuerzo y hoy queremos llevarlo aún más lejos.